Capítulo 1:
Sonó el
despertador, bajé a desayunar a la cocina, me preparé un café y cogí un par de
magdalenas, al poco mi madre también bajó con mi hermano pequeño, (Jace) tiene
quince años.
-Buenos días
mamá.-Mi padre no vive con nosotras, se
separaron cuando yo tenía seis años.-
-Buenos días
Aria-giró la cabeza mientras miraba a mi hermano- tu hermana te recogerá en el
instituto.
-No hace falta, voy
a ir en bus y a la vuelta, tengo entrenamiento.
-Se me olvidaba, llevas
razón bueno cielos, me voy a la oficina
a trabajar, volveré tarde, no me esperéis para cenar, pedir pizza o chino-dijo mientras
se alejaba.-
Poco después
también me fui yo. Cuando llegué al instituto, salí del coche, cogí mi bolso,
me dirige hacia la puerta, entre, el pasillo estaba abarrotado de gente, seguí
andando, hasta llegar a mi taquilla, alcé la vista, él estaba allí, con sus
brazos cruzados, no era pálido, blanco como yo, si no más bien moreno, alto, fuerte,
una gran musculatura que desarrollo en varios meses, en un verano cambió, unos
grandes ojos marrones vidriosos que hacían que no pudieses apartar la vista de
ellos con unas largas pestañas, un pelo corto y negro como el azabache, y unos
carnosos labios,
-¿Te importaría
quitarte de mi taquilla?-le dije con un tono serio-
-Claro Moore.
-Palmer, no me
llames por mi apellido, si no quieres que te llame yo a ti por el tuyo-se
acercó a mi dando un paso y a la vez señalándome
con el dedo.-
-No me llames
Palmer, Aria.
-Está bien William,
quítate de mi taquilla-en cuanto se fue,
cogí el libro de literatura-
No se como podía
ser tan imbécil con las personas a las que no conocía. Sin embargo, más tarde
cambió, se convirtió en lo que me cambió a mi.
Llegué a clase, mi
mejor amiga estaba sentada, fui hacia
allí y me senté a su lado, se acercó a mi.
-¿Por qué has
tardado tanto?
-William Palmer.
-Te entiendo,
demasiado capullo ¿No?
-Exacto, estaba
apoyado en mi taquilla.
Cuando entró la
profesora, todos dejamos de hablar, mientras nos enderezábamos en nuestros
sitios.
***
La clase terminó a
las nueve. Esa hora, anduve por los pasillos, siempre me saltaba gimnasia,
pensé en William, ¿qué es lo que hace
que sea así? No llego a comprender lo…
Seguí caminando,
hasta que de repente sin más lo vi.
Increíble, estaba puesto en el mismo lugar, me miró sonriendo mientras dejaba
ver una hilera de perfectos dientes blancos.
Gire y entré al
servicio, quería evitar le a toda costa. Un leve ruido se apoderó de mis pensamientos.
-¿Q-qué haces aquí?
Esto es el baño de chicas, no de chicos, no puedes estar aquí-se iba acercando
cada vez más a mi, mientras yo retrocedía, hasta que choqué contra la
pared, podía notar su aliento, oler su colonia de hombre, me estaba poniendo
nerviosa, mi corazón latía cada vez más fuerte.
Acarició mi mejilla
con el dorso de su mano áspera.
-No te pongas
nerviosa, no te voy ha hacer nada.
-William, por
favor, dime que quieres.
-Eres diferente
conmigo de las demás, quiero saber porque.
-Porque eres un
cretino, vas de que eres mucho, pero no eres nadie, un niñato engreído.-Cogió
mi barbilla poniéndola al nivel de sus ojos-
-No te pases ni un
pelo bonita…
-Que sepas que yo
no miento.
-¿Por qué no
quedamos más tarde? Tú y yo.
-No gracias-miré
hacia otro lado.-
-Ey, venga, ¿qué
más da? Si no es una cita.
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