Capítulo 3:
-Nada, solo te estoy preguntado eso, tus ojos son de un azul caribe,
y tu pelo es negro, tu piel es pálida, eres como los seres a los que odio.
-¿Qué pasa parezco un vampiro o algo así?
-Si te soy sincero, sí.-dijo con un tono burlón-
-Estás loco-grité debido a la distancia, cada vez, me alejaba más,
salía de las hojas secas en el suelo, y me acercaba a la carretera.-
-Más te vale que vuelvas aquí.
-¿O si no qué? ¿Va a venir un lobo y me va a comer?-le dije
burlándome-
-Puede.
Caminé a paso ligero hacia el sitio en el que nos encontrábamos
antes, me estaba asustando un poco, ¿de verdad existían esos seres? Tal vez
no eran falsos, a lo mejor, la gente los trataba como mitos, leyendas,
historias, cuentos, etc., solo para no vivir con miedo, para que estuviésemos
seguros, ¿quién sabe?
Cuando ya me quedaban cinco metros para llegar corrí hacia él, lo hice como si se me fuera el alma
en ello, me abracé a éste, me aferré a su cuerpo, mientras él acallaba mis
sollozos, sentía miedo, de lo que me pudiese ocurrir, ¿y si el hombre que me
siguió era alguno de esos seres extraños? No podía saberlo, solo los había
visto en películas, para mi, eran seres ficticios, no reales, como nosotros,
pero, a lo mejor, los normales son ellos y los extraños nosotros.
Un sinfín de preguntas pasaron por mi cabeza, preguntas que no sabía
si algún día las llegaría a contestar; preguntas, que tal vez no tengan
respuesta.
-William, siento haberte hablado mal.
-Shhh… No importa Aria, todo está bien.
-¿Te has dado cuenta?-Dije echando mi cabeza atrás, pero sin
separarme del abrazo.-
-¿De qué?
-De que estamos disculpándonos todo el rato.
-Pues dejemos de hacerlo-una amplia sonrisa se formó en su rostro
mientras yo me soltaba de éste.-
-William, ¿Qué vamos ha hacer?, ¿Qué hora es?-Me estaba poniendo
nerviosa, por unos instantes, había olvidado, que nos habíamos saltado las
clases.-
-Pues, ahora mismo, deberíamos estar en biología-dijo mientras
sacaba su móvil del bolsillo-
-Es decir, que son las doce-no me alteré mucho, tampoco era la
primera vez que hacía eso.-
-Sube al coche, vamos a mi casa.
Montamos, y nos dirigimos a su casa, ésta era grande, con dos
plantas, estaba en medio del bosque, un poco difícil de encontrar, a unos
metros de ella, se podía ver un lago.
-Es preciosa-dije incrédula.-
-Lo mejor, es el lago, da un gusto bañarse…-Dijo mientras estiraba
sus huesos hacia arriba y bostezaba.-
-¿En serio? Yo nunca me he bañado en un lago.
-Estas de coña.
-No lo estoy, nunca me he bañado.
Empezó a reír en un tono burlón.
-Aria, ¿tienes hambre?-Su
mirada decía ‘por favor, di que si’
-No, pero si me tomaría un café-dije mientras le sonreía.
Entramos a la casa, por
dentro estaba amueblada con muebles color caoba, y las paredes blancas, en el
recibidor, había una gran escalera que conducía a la parte de arriba, a la
izquierda una amplia cocina y a la derecha un gran salón.
Pasamos a la cocina, e hizo
un café y un sándwich.
Cogí la taza que me había
aproximado, tomé un sorbo.-William, sobre lo que me has dicho antes, ¿qué es
eso de los vampiros y de los lobos?-Se sobre saltó ante mi pregunta.-
-No es nada, dejemos el tema estar.
-Por favor Will…
-Me tomarías por loco si te lo dijese-dijo en un tono alto.-
-No tiene porqué.
-Aria, lo siento, pero no puedo-bajó la mirada-
-¿Qué pasa, que eres un hombre lobo? Porque si odias a los vampiros,
no se me ocurre otra cosa que pensar.
-¡Aria, he dicho que lo dejes!-Gritó, los músculos de la mandíbula
se le marcaban, estaba conteniendo su agresividad-
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