Capítulo 4:
-¡No lo dejo!
-Sí, lo soy, ¿estás contenta? Pareces una cría que hasta que no
consigue lo que quiere no para-sentía su furia por que yo no dejaba de
insistir, me quedé atónita ante ello. ¿Cómo iba a ser un hombre lobo, un
licántropo? Es totalmente una chorrada.-
-¿De verdad lo eres?-No lo podía creer.
-Sí, Aria, entiendo que no lo creas-se acercó a mi, yo puse mi mano
en su pecho, noté lo firme que era, elevé mi cabeza, mientras lo miraba, éste
se acercó a mi con sutileza, cogió mi cara, y besó, nunca antes había sentido
algo como eso, nuestras lenguas jugaban como en una guerra.
Me acerqué más a él, subí la mano que tenía puerta en su pecho y la enredé en su pelo, hice lo mismo con la
otra, éste descendió sus manos hacia mi cintura, me sentí cálida, acogida,
hacía que cosas despertaran dentro de mi, un fuego que ardía en mi interior,
quería desnudarme para él, sentir todos y cada uno de sus músculos, comprobar
si eran tan duros como parecían, examinar su piel milímetro a milímetro.
Me separé un poco de él.
-William yo...-Pero me cortó.
-Lo siento Aria, no pretendía… Deberías irte.
-¿Qué?, ¿Yo? No, Will, por favor, no lo hagas-mis ojos se
oscurecieron, noté como perdían su brillo, me estaba apagando, hacía solo unos
instantes, estaba en el lugar más cálido y a la vez, acogedor, ahora, me había
ido de él, sentí que me arrancaban el corazón.
Besé sus carnosos labios, mordí el inferior, no quería perderle, no
en ese momento, me levantó, y puso encima del poyete de la cocina, seguimos
besándonos, hasta que él se separó.
-Aria, esto no está bien.-Me agaché mientras besaba su cuello, pude
oír como gimió no podemos hacer esto, no eres como yo, no está bien visto- yo
también me alejé.
-Pues hazme como tu-ladee mi pelo hacia un lado, y bajé la camiseta
dejando mi hombro descubierto.
-No-dijo mientras pasaba sus manos por la piel que yo había dejado
desnuda.
-¿Por qué?-No quería entender porque hacía lo que hacía, pero a la
vez, no buscaba soluciones o se oponía a ellas, yo le proporcioné lo que haría
que si pudiésemos hacerlo.
-Porque no te quiero hacer daño-bajó su mirada.
-No me importa el dolor. Lo aguantaré.
-¿En serio quieres cambiar tu vida por un estúpido calentón?-Aspiré
fuertemente aire por la boca, mis ojos se cristalizaron, pero, a los pocos
segundos me tranquilicé.
-Así que lo que yo soy para ti es eso ¿no? Un estúpido calentón.
-Aria, yo no he dicho eso-miró hacia otro lado.
-¡Si lo has dicho!-Notaba como una gran furia nacía en mi.
-Eso no es cierto, yo he dicho que no merece la pena hacer eso, que
sufras para nada, tal vez nada de esto vuelva a ocurrir-Entendía perfectamente
lo que William me quería decir, pero, no, no lo quise aceptar.
-Es mi decisión.
-Pero quien te tiene que morder soy yo.
Cada vez que miraba sus enormes ojos, me perdía en ellos, y sus
grandes labios, me provocaban ganas de besarlos, de morderlos…
Aria, no debes, pensar esas cosas.
Me dije a mi misma.
-Promete me una cosa-le dije.
-Dímela.
-Si llegásemos a algo más, lo harás.
-Aria…
No hay comentarios:
Publicar un comentario